White Russian & Blue Lines

viernes, julio 09, 2010


Orangettes

Mañana es cumpleaños de mi mamá. Para almorzar tendremos un delicioso puré de espinacas acompañado de un jugoso bistec y un caldo de gallina, perfecto para contrarrestar el molesto frío del invierno. Hace un par de días mi mami se cortó el cabello y ahora está eligiendo el color de su tinte. Me gusta verla de buen humor, reír con las bromas de su nieta y sonrojarse con los piropos que le hacemos con mi hermana. Ella aún no sabe qué torta de cumpleaños tendrá mañana, pero yo estuve buscando algún postre rico para sorprenderla.

En los últimos meses mi afición por la repostería ha crecido y es probable que se lo deba a mi mamá. Nadie como ella para preparar el pie de manzana y tener la paciencia para dejar que su pequeña hija la “ayude” con la masa (me encantaba tener las manos enharinadas, tomar el rodillo y después de haberla hecho un bollito amasar la masa). Fueron varias las veces que probé un poco del relleno, el más delicioso puré de manzanas que recuerdo. Tampoco puedo olvidar el incidente del bizcochuelo de naranja para mi madrina. Mi mamá había sacado del horno un bizcocho hermoso y grande, y yo lo había probado sin poder resistirme. Después de su llamada de atención me llenó de besos para agradecerme que lo hubiera probado antes de llevárselo de regalo a mi madrina. En el apuro había confundido la bolsita de polvo de hornear con la de sal y por eso el bizcocho tenía tanto volumen. La anécdota se repartió después por doquier entre toda la familia. Tal vez desde entonces la repostería se convirtió en uno de mis hobbies favoritos.

La receta que encontré se llama Orangettes. En francés se les dice así a las cáscaras de naranja cubiertas por un baño de chocolate confitado. ¿Les suena rico? Yo estoy imaginando mi cara y la de los demás al probarlas. ¿Le gustarán las Orangettes a mi adorado J.? Puede que la primera se la dé a probar con los ojos cerrados, así la sorpresa es aún mayor.

¿Cómo se hacen las Orangettes?

Corte las puntas de las naranjas y retire las cáscaras.


Corte las cáscaras en tiras finas y recorte los bordes.

En una olla de tamaño mediano, coloque las cáscaras en agua hirviendo y escalde durante unos minutos. Enjuague las cáscaras y repita este proceso una segunda vez. Esto se hace para eliminar el amargor de la cáscara.

Prepare el caramelo mediante la combinación de 8 onzas de agua con 8 onzas de azúcar en una cacerola. Lleve el almíbar a fuego lento, coloque las cáscaras en la olla y cocine a fuego lento durante 1 hora. Una vez que las cáscaras se han cocinado, retírelas de la olla y colóquelas sobre una rejilla para enfriar y escurrir.

Derrita el chocolate oscuro (16 onzas) en una caldera resistente. Sumerja las cáscaras de naranja confitadas en el chocolate, retírelas rápidamente y deje que se enfríen sobre papel pergamino.

Voilá! :-)



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lunes, junio 14, 2010


Cuestión de panes

Soy panera desde que me acuerdo y quizás es un gusto que heredé de mi mamá. A ella le encanta el pan. En el desayuno de un domingo puede sentirse feliz con cuatro o cinco panes. Le gustan todos, pero sus favoritos son los de corteza crujiente y sabrosa como el francés y el ciabatta, y los suaves como el de yema, el de maíz o el integral. A mí me encanta el ciabatta. Blanco o integral, recién horneado en casa o acabado de comprar en la panadería, siempre será uno de mis favoritos. Otras veces muero por el de yema, el coliza, o el dulce chancay.

Ahora que lo pienso, en cada familia existen distintos gustos por distintos panes. En la mía, por ejemplo, mi hermana da lo que sea por sus integrales de forma redonda o sus caracoles mitad crujientes mitad suaves, mi sobrina no cambia por nada su panetón con chispas de chocolate, y nuestra “Big Brown Spot” gusta de todos, aunque su debilidad son las tostadas.

Cuando los papás de J. aún no se habían mudado preparaban unos lonches riquísimos (hasta ahora los siguen haciendo). En el departamento miraflorino la mamá de J. colocaba los más sabrosos tipos de panes al centro de la mesa, su papá o su tía Nora alistaban el café y ambos ayudábamos a poner los individuales, las tazas o los acompañamientos (y cada vez que traían queso de Pachacamac yo me sentía infinitamente agradecida). Al final, el lonche era un momento de los dioses. Para cuando se mudaron a Pachacamac y nosotros nos quedábamos los fines de semana con ellos, llevábamos los ingredientes para el esperado lonche. Siempre era un deleite alistar todo para saborear los panes, el dulce y las bebidas calentitas. Ahora en invierno podría preguntarle a la mamá de J. si nos quisiera invitar (de nuevo) varias tazas de ese chocolate caliente que solo las mamás saben cómo preparar. Después de las veces que lo he probado me convencí de que ella y mi mamá tienen la magia en sus manos para dejarnos maravillados de gusto.

¿Qué pan es el favorito de ustedes? Les dejo dos recetas que encontré en un conocido café miraflorino y que me encantaron. Tal vez me anime muy pronto a prepararlas, pero sobre todo a saborearlas.


Chicken Veggie

- Pan ciabatta blanco
- Pickles (mis favoritos para los sánguches)
- Pimientos amarillos y rojos en tiritas
- Queso mozarella
- Filete de pollo
- Champignones
- Cebolla blanca cortada finamente


Sánguche de pavo y queso

- Pan ciabatta con ajonjolí
- Jamón de pavo
- Queso fundido (una tajada por pan)

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lunes, febrero 23, 2009


La fiesta de Zé Paulo

¿Qué te hace decidir ir a una fiesta? ¿Pasarla bien con tus amigos? ¿Bailar y divertirte toda la noche? ¿Tomar más cervezas de las que calculaste? ¿Hacer nuevas amistades? ¿Todas las anteriores? ¿Algunas? ¿Ninguna? El 13 de febrero tuve dos invitaciones para asistir a dos fiestas. Hubiera querido ir a las dos, pero por una demora donde mi dentista solo pude asistir a una. Desde aquí van mis disculpas a Cris, quien sé, se portó estupendamente con todos los invitados de la fiesta de carnavales que organizó en su departamento. Estoy en deuda contigo, Cris, por eso creo que será obligatorio que esté en la próxima reunión con toda la gente de la DCI.

Les contaré de la otra fiesta. Era una reunión pro-fondos organizada por los mejores amigos de los papás de Zé Paulo. ¿Quién es Zé Paulo? Tan bonito nombre de origen portugués le pertenece a un angelito que tiene un año y algunos meses y que necesita ser sometido a una operación para estar bien de su cadera. Debo decirles que aunque esa noche no lo conocí, sino algunos días después por unas fotos, ese día de la fiesta empecé a sentir por él un cariño especial cuando conocí a Paloma, su mamá.

Siempre he disfrutado escuchando las historias que unen a las parejas. Una vez quedé emocionada cuando supe la forma como se habían enamorado un profesor de Sociología de mi universidad, el Dr. Denis Sulmont, y su esposa, Roelfien Haak, también socióloga de profesión. La manera en que el Dr. Sulmont relataba la forma cómo conoció y después se enamoró de su esposa fue maravilloso. En ocasiones como esas es inevitable que se me erice la piel de pura emoción.

Esa noche de la fiesta, al escuchar la historia de los papás de Zé Paulo, sentí exactamente lo mismo. Paloma me contaba su historia con Mac y yo no podía dejar de escucharla y sonreír. La de ellos es una de esas historias que jamás te cansarías de escuchar. Es también uno de esos relatos que te demuestran que no existe equivocación cuando apuestas todo por el amor de tu vida. Ese amor al que dicen estás predestinado a conocer y a amar, tal vez por el resto de tus días.

¿Cómo me sentí en la fiesta? Hace un par de días le contaba a alguien por correo lo increíblemente bien que me sentí esa noche previa al Día de San Valentín. En principio iba a estar del lado de los invitados que van a divertirse en la fiesta. Pero después de unos minutos de haber llegado y ver a mi adorable novio encargado de la caja, comprendí que prefería estar del otro lado de la fiesta. El de los organizadores. Me encantó ayudar. Tanto que puedo contarles la satisfacción que sentí al preparar algunos cocteles, siguiendo la receta de Gisella, una de las bartender más carismáticas que conozco. También disfruté dándole una mano al organizado cajero que atendía pedidos de cervezas, tragos fantasía y cigarrillos. En esa tarea debo agradecer la paciencia de Roxana (espero haber recordado bien su nombre) que siempre me ayudaba a cambiar billetes grandes por sencillo.

Todo esto me hizo acordar que en el pasado había hecho algo parecido. Una vez fue durante una kermesse en el colegio donde trabaja mi hermana. Ahí la ayudé vendiendo cervezas heladas (las que pedían "al polo" me dejaban las manos azules, pero eso no fue problema para continuar atendiendo). La segunda vez fue durante una actividad pro-fondos en el área de la venta de los sabrosos "Panchos". Se me ha olvidado el número exacto de panes con hot dog que se vendieron esa noche, pero no que dejé de comerlos durante algún tiempo.

La fiesta de Zé Paulo salió muy bien. Entre los amigos, conocidos y la gente que se enteró de la actividad, que asistieron y consumieron, se logró recaudar una cantidad de dinero que significa mucho para hacer posible el tratamiento de este pequeño. Pero, además, esfuerzos como los de G., J., I., así como de la familia que prestó la casa donde se realizó la reunión, y la de todos aquellos amigos de Mac y Paloma que estuvieron con ellos esa noche, son invalorables y pertenecen a esos recuerdos que se quedan contigo para siempre.



En la foto: Paloma y Zé Paulo, preciosos mamá e hijo.




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