White Russian & Blue Lines

lunes, julio 05, 2010


Tiempo de bodas

Dos de mis amigas más queridas se casan en agosto. Lo harán el mismo día aunque en ciudades diferentes. La boda religiosa de Karina y Pedro se celebrará en la Iglesia Virgen del Pilar de San Isidro, mientras que la unión de Mariana y Christian tendrá lugar en la Casa Éconiche de Cantley, en la ciudad de Québec. De los dos enlaces solo podré asistir al primero, pero para fortuna de sus amigos, Mariana hará en septiembre una fiesta para quienes no pudimos viajar a Canadá.

Resuelto ese pequeño detalle, la emoción por asistir a los dos matrimonios continúa intacta y es aún mayor cuando pienso en lo especial que será ese día para los novios. Cuando tus amigos anuncian su casamiento, la noticia causa un revuelo de felicidad alrededor de la pareja y los invitados. Piensas en lo especial de la fecha, en lo cercana que está, en el regalo a los novios, en el vestido que elegirás, y si eres elegida testigo del enlace religioso, el día de la boda se convierte en el más importante por llegar.

Estar al tanto de los preparativos de Kary me hace admirarla. Admiro lo organizada que está siendo al dedicarle tiempo a su matrimonio, al trabajo y a su familia. Debe ser -como dice ella- que repartir las tareas con tu pareja resulta de gran ayuda ¿Lo haremos igual de bien? Supongo que sí. Presumo que leer sobre bodas y escuchar sobre las experiencias de otras parejas también ayudará. Por eso, y porque también sueño con los preparativos de mi propia boda es que elegí fotografías que me fascinaron desde el momento en que las vi. (Continuará)

En la ciudad o...


en el campo...


... un momento para los dos.

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martes, mayo 04, 2010


Una sobremesa en pareja

El último domingo lo pasé en el soleado San Bartolo. J. y yo hicimos caso del pronóstico del fin de semana y fuimos a visitar a sus papás a Pachacamac y, al día siguiente, los cuatro nos alistamos para pasar el día en el club de este balneario. Luego de acomodar los bolsos y toallas, J. y su papá se fueron al mar, su mamá aprovechó para tomar sol, y yo me apliqué el bloqueador antes de correr a zambullirme.

Mi costumbre de meter primero un pie, luego el otro, después una pierna, luego la otra, y así hasta llegar a mis muslos y el resto del cuerpo, dejó de parecerme una buena idea después de comprobar que el mar de San Bartolo puede estar en ocasiones tan helado como la salita de estar de un esquimal. A pesar de eso, los cuatro siempre tomamos un baño. Creo que es porque pensamos que no hay mejor tonificador natural que ese.

Es hora de almorzar. Mientras subimos al segundo piso nos encontramos con Sandra y Carlitos, los amigos de los papás de J. Los esposos se apresuran a ordenar los platos de la carta. J. y yo pedimos un lomo saltado, una marmita de arroz con mariscos, y unas provocativas conchitas a la parmesana. Sus papás, otra marmita de arroz con mariscos y un plato de milanesa de pollo con papas y ensalada. El mozo toma presto los pedidos y también los de Sandra y su esposo Carlos. Después de las bebidas y la canchita de rigor, todos esperamos nuestros platos de fondo pero estos tardan en llegar. Mientras esperamos aprovechamos para descubrir por qué a Carlitos le gusta tanto el arroz con leche con maizena, y de paso tratamos de convencerlo de que la popular maizena no es uno de los ingredientes del rico postre limeño: “La maizena es para las mazamorras, Carlitos”. Finalmente llegan nuestros platos, quedamos más que satisfechos, y regresa el tema de nuestros gustos por las comidas, y la especial forma en que las esposas preparan algunas recetas. La mamá de J. nos cuenta su secreto cuando prepara la avena, a la que le echa unas gotitas de algarrobina. Sandra habla de que esta vez su arroz con aceitunas tiene un sabor distinto a la última vez que lo probó. J. y yo los escuchamos y yo me acuerdo de lo mucho que me gusta escuchar a las parejas, la forma en que interactúan, comparten sus recuerdos, hablan de sus hijos, se contradicen con cariño, bromean entre ellos, y mencionan sus cualidades y defectos.

Al terminar la sobremesa y antojados de pedir un postre, preferimos pedir la cuenta. Mientras nos despedimos imagino que si existiese una asignatura llamada Sociología de las parejas, fácilmente me convertiría en la alumna más aplicada.

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