White Russian & Blue Lines

viernes, mayo 14, 2010


Cualquier parecido no es pura coincidencia

Observaba el otro día lo agradablemente creativos que están siendo los diseñadores cuando encontré la página de Neiman Marcus. ¿Qué les puedo decir? Un deleite para los sentidos. Después de visitar la sección Designers fui en busca de algunos de mis diseñadores favoritos (Armani, Carolina Herrera, Dolce & Gabbana, Dona Karan, Marc Jacobs, Prada, Vera Wang, Balenciaga, Manolo Blahnik, Jimmy Choo, Christian Louboutin). Cuando terminé sentí curiosidad por ver las tendencias en moda masculina. De todo lo que vi me gustó especialmente lo que ven aquí en imágenes. Más tarde, cuando llegué a casa y vi las fotos de J., recordé sus gustos en colores y prendas de vestir. Entonces sonreí al reconocer por qué me habían gustado tanto las tenidas en esos modelos: las elegí imaginando cómo se verían en él.


John Varvatos

Dolce & Gabbana

Dolce & Gabbana

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martes, julio 01, 2008


'Saxoline'

La marca de los maletines y bolsos de viaje, y la de las mochilas que competían por ser las favoritas de los escolares se convirtió en el nombre que le di a uno de los primeros chicos que me gustó mientras estudiaba en Letras.

Casi todos los días, antes de entrar a clases, el lugar perfecto para observar a 'Saxoline' eran las bancas ubicadas alrededor de la rotonda de Letras o los corredores de algunos salones cuando las banquetas estaban ocupadas. 'Saxoline' casi nunca aparecía acompañado, pero al poco rato de llegar siempre se le veía conversando con uno o dos amigos. Otras veces un par de chicas curioseaban cerca de él, mortificadísimas de no conocerlo.

Las veces que nuestras miradas se cruzaban lo observaba por tres segundos y después enterraba para siempre mi cara en las separatas. Otras veces fingía que escuchaba a Mazzy Star y cerraba los ojos. Él sonreía y volteaba a subir el cierre de su mochila. No es difícil imaginar la marca. La suya era una Saxoline negra que nadie mejor que él sabía cómo llevar.

Un día cualquiera de la semana 'Saxoline' venía vestido para deleitar: botines de cuero, camiseta blanca y unos jeans que le calzaban divinamente. Siempre, además, lo acompañaba una fragancia que hacía imaginar el momento en que salía de la ducha y se vestía para venir a la universidad. Así, mientras se acercaba otro fin de ciclo, mi cabeza seguía preguntándose por qué alguien tan apuesto no tenía novia. Pero entonces, como de la nada, apareció. Era estudiante de Psicología, fumaba Lucky Strike y su cabello era uno de los más bonitos. Largo, ondulado y color miel. Nunca lo llevaba recogido y a pesar de eso nunca se le enredaba. Ella y 'Saxoline' se convirtieron en la nueva pareja de Letras.

Un sábado, bastantes años después, mientras leía la revista SOMOS, lo volví a ver. Ahí estaba él, guapísimo, junto a tres patas más de veintitantos años en la página que la revista destina a las nuevas bandas, grupos y solistas. Mi querido 'Saxoline' había terminado la carrera de Comunicación Audiovisual, pero también había escogido ser músico. No se imaginan cuánto he buscado esa revista. El último intento fue escribirle a Oscar García, amigo y periodista de El Comercio que siempre hace las mejores reseñas de discos. Pero, nada. La búsqueda fue infructuosa. Entonces pensé que tal vez sería mejor así. Sin descripciones físicas salvo su estatura (aprox. 1.89 m.) y, por supuesto, su verdadero nombre. 'Saxoline' se llama en realidad Alonso.

Nota: La foto que acompaña el post no es la de 'Saxoline', pero cuando la encontré me gustó la forma cómo le quedaban la camisa y el pantalón al modelo de SISLEY. ¿Qué opinan ustedes? ¿No es genial ver a un hombre que sabe elegir qué le sienta bien en colores, diseños o texturas?



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miércoles, mayo 14, 2008



Un caprese en Balthazar

Encontrar la cuadra cuatro de una avenida como Canaval y Moreyra no debería ser problema para un vecino de San Isidro. En cambio, para alguien que no pasa a menudo por esta concurrida zona de tiendas puede convertirse en toda una incursión urbana. Les cuento lo que me pasó hace una semana.

Después de avanzar algunas cuadras hasta llegar casi al frente de Tottus de San Isidro, pensé que lo mejor era tomar un taxi. El conductor sonrió mientras le señalaba la cortísima ruta: "Buenas tardes, de aquí a tres cuadras, ¿cuánto es?". El paseo de tres soles me hizo sentir como el personaje de Jessica Lange en Conduciendo a Miss Daisy. También en ese momento me puse a pensar que solo las mujeres conocemos de cerca el sacrificado placer de caminar sobre tacos. Ese día yo llevaba unos lindos zapatos taco siete, que seguramente serían el equivalente a unos tacos chatos para cualquier chica glamorosa y soltera de Manhattan.

Después de la diligencia tenía hambre. Me dirigí al primer restaurante que cumpliera con la misión de cautivarme. Ya había visto dos y no había sentido nada. Hasta que lo encontré. No era un restaurante, sino una panadería-pastelería. Había llegado a Balthazar.

¿Qué les puedo decir? Quedé encantada. Era la primera vez que iba y desde que llegué me sentí muy bien atendida. No solo la música era estupenda -ese día pasaban canciones en portugués y ritmos de bossa y chill out-, sino también su variada carta de sánguches. Yo me pedí un caprese y para tomar una limonada bien fría. Al salir de Balthazar me encontré con el más curioso "desfile de modas". Frente a mí y en plena calle podía observar a todos esos hombres y mujeres que iban y venían luciendo pantalones, camisas, faldas, sacos, blusas, blazers, botas y carteras de moda, durante su hora de refrigerio. Vestidos de esa manera parecían anunciarme que la temporada otoño-invierno para el mundo ejecutivo había empezado oficialmente. Entonces me vi y no me quedó más remedio que unirme a su desfile, mimetizada completamente como una más de ellos.

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