White Russian & Blue Lines

viernes, mayo 14, 2010


Cualquier parecido no es pura coincidencia

Observaba el otro día lo agradablemente creativos que están siendo los diseñadores cuando encontré la página de Neiman Marcus. ¿Qué les puedo decir? Un deleite para los sentidos. Después de visitar la sección Designers fui en busca de algunos de mis diseñadores favoritos (Armani, Carolina Herrera, Dolce & Gabbana, Dona Karan, Marc Jacobs, Prada, Vera Wang, Balenciaga, Manolo Blahnik, Jimmy Choo, Christian Louboutin). Cuando terminé sentí curiosidad por ver las tendencias en moda masculina. De todo lo que vi me gustó especialmente lo que ven aquí en imágenes. Más tarde, cuando llegué a casa y vi las fotos de J., recordé sus gustos en colores y prendas de vestir. Entonces sonreí al reconocer por qué me habían gustado tanto las tenidas en esos modelos: las elegí imaginando cómo se verían en él.


John Varvatos

Dolce & Gabbana

Dolce & Gabbana

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viernes, agosto 14, 2009


El hombre del pijama azul (Parte III)

En las tardes de domingo el hombre del pijama azul duerme la siesta. Lleva otro atuendo, pero siguen siendo él y su misma esencia. Yo lo observo desde el sillón que su ninfa ocupa las demás tardes. Hoy me ha confiado el especial encargo de cuidar su sueño. A los pocos minutos que llevo de hacerlo me doy cuenta de lo agradable que es cuidar el sueño de una persona. Por lo demás, la pieza donde estamos es absolutamente confortable: se escucha música de la radio, la tarde está bonita, el sillón donde estoy es cómodo, y la ventana que da a la calle me devuelve, de cuando en cuando, los curiosos sonidos del exterior.
Me acerco y noto que el hombre del pijama azul duerme plácidamente. Antes de salir, su ninfa le dio tres o cuatro besos que lo transportaron al mundo de los sueños. "Eso es vida apacible de vivir", pienso. Entonces me dan ganas de tomar una siesta también.

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martes, junio 16, 2009


El hombre del pijama azul (Parte II)

Cuentan que un soleado día de junio el hombre del pijama azul se rasuró su varonil barba, se cortó el cabello y empezó a hacer sus maletas. Había decidido mudarse. "¿Adónde irá?", se preguntaba más de un habitante de la ciudad de Clausthal, allá en el reino de Hannover. El hombre del pijama azul se dirigía a Ugbe, un reino vecino, donde todos los días vería los más tornasolados jardines desde la ventana de su cuarto.

Una noche se dio cuenta de que en la nueva cocina se había acabado el gas y a él le provocaba tomarse un café. "¿Qué harás para hervir el agua?" -le preguntó con curiosidad la ninfa que siempre lo visitaba. "Hervirla en una olla arrocera", le contestó. Esa vez también calentó un delicioso pastel de choclo en su wafflera. La imaginación para las soluciones prácticas era una de sus virtudes.

Si veía al hombre del pijama azul tendido sobre su cama, la ninfa sonreía. Le gustaba echarse a su lado y quedarse absorta viendo sus pestañas. Él sonreía con sus ocurrencias. Como la vez en que la descubrió mirándole los pies. "¿Por qué te gusta mirarlos?" -le preguntó. "También me gusta tocarlos" -le respondió ella. Lo que el hombre del pijama azul no sabía era que a su ninfa también le gustaba oler el aroma que despedían sus brazos o su pecho. O la manera en que la hacía reír cuando afirmaba muy seguro que si se sacaba conejos de los dedos de sus pies era para llegar a viejito sin padecer artrosis.

Una madrugada, casi rendidos por el sueño y mientras observaban a los invitados de una fiesta en el departamento vecino, el hombre del pijama azul le contó todos los beneficios de una sesión de reiki. "¿Reiki es usar el poder de tus manos para sanar?" -le preguntó ella. "Sí, pero utilizando una energía muy especial. ¿Te gustaría ir?" -le preguntó. Entonces, antes de quedarse dormidos, la ninfa se ocultó un poco más entre sus brazos y le dijo que sí.

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miércoles, marzo 11, 2009


El hombre del pijama azul

Cuentan que hace muchos años, en la ciudad de Clausthal, en el Reino de Hannover, vivía un apuesto hombre de tez bronceada y de un carácter tan afable como la fuerza que poseían sus extremidades. Este hombre sonreía cuando encontraba café recién preparado en la mañana. "Café humeante y delicioso". Casi por igual se deleitaba fumando sus cigarrillos. "¿Existían cigarros en esa época?". "Imaginemos que sí". También podía vérsele tomar una refrescante ducha antes de almorzar unos riquísimos tallarines al pesto. Estos sabían incluso mejor si los acompañaba por el inigualable sabor de ese ají de casa, que desde entonces ya era conocido por su bien ganada reputación familiar.

Algunos domingos al mediodía, el hombre del pijama azul se asomaba a su ventana después de que una suave voz llegaba a sus sueños y le decía: "Asómate un momento". Entonces él complacía a la ninfa que lo visitaba. Le sonreía desde la ventana y aparecía en ese pijama que a ella tanto le gustaba. Con una mirada traviesa, el hombre del pijama azul le señalaba: "Esa pijama no es nada en comparación con el cuerpo de latin lover que hay adentro". Y la ninfa se reía. Ese sentido del humor del hombre del pijama azul era lo máximo... además de sus muchas otras cualidades.

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