White Russian & Blue Lines

martes, junio 22, 2010


Complicidad a bordo

Esta mañana, en el paradero, todos los buses que esperaba venían llenos. Por fin, el cuarto en llegar tuvo un espacio para mí, mi cartera y mi mochila. Una vez adentro me acomodé lo mejor que pude hasta ser socorrida por un adolescente que cargó mi mochila. Él y la chica que viajaba a su lado se miraban extasiados de vez en cuando. De pie al lado de ellos sentí que la química era evidente. Él le hablaba sonriendo, ella –que viajaba del lado de la ventana- lo escuchaba, pero no lo miraba todo el tiempo. Esa aparente indiferencia se transformaba en devota atención cuando jugaba con su pelo y clavaba sus pupilas en las de él. Cuando me senté frente a sus asientos, las distancias entre ambos se había acortado. Se susurraban secretos al oído, se reían en complicidad, y entonces pensé “¿por qué no se besan?”.

Cuatro paraderos más adelante las señales de agrado continuaban, pero de besos nada. El señor que estaba a mi lado sonreía mientras notaba que el chico quería dar un paso más, pero algo se lo impedía. Con un gesto coqueto, ella jalaba el cordón de la polera de él, pero nada de eso bastaba. Fue entonces que pensé en lo que costaba dar ese paso. ¿Era difícil besarse delante de extraños en ese bus? ¿Era miedo? Tal vez solo no era el mejor momento. Las caricias en el mentón y la mejilla siguieron, pero al cabo de un rato ella prefirió distraerse con el espejo que traía en su cartera. Era un espejo que tenía la forma de la cabeza de un conejo. Cuando terminó de verse, él tomó las orejas del espejo-conejo y las acarició. También se las llevó a sus labios. “Ahí está tu señal”, pensé esta vez. El semáforo estaba en rojo, el bus se había detenido y yo tenía que bajar. La canción que sonaba en ese momento era una de las más conocidas que tiene Foreigner, Waiting for a girl like you.


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sábado, agosto 02, 2008


La novia se despide en bus y sus amigas en tutús

Hace una semana y un par de días asistí a mi primera despedida de soltera. Las mejores amigas de universidad de Ana Lía nos pasaron la voz a sus amigas del trabajo. La idea era contratar un bus parrandero para pasear por Miraflores y Barranco. ¿Strippers a bordo? No hizo falta. Las dos horas que duró el paseo la pasamos increíble. Bailamos, jugamos y cumplimos las pruebas que nos puso Blanca, la anfitriona del bus, y por supuesto ¡brindamos! (¡teníamos una auténtica "barra libre"!). Cada prueba bien realizada era recompensada, además, con un lindo obsequio. ¿Qué prueba nos tocó a mí y a Julia? Una muy divertida y osada. Teníamos menos de quince minutos para convencer a un hombre de subir al bus con nosotras y llevarlo con la novia. Allá arriba solo Blanquita conocía la segunda parte de la prueba a la que el valiente debía someterse.

Después de atravesar el parque y el boulevard de Barranco, Julita encontró a un veinteañero que al principio aceptó encantado. Desafortunadamente sus amigos no tardarían en aparecer para sembrarle mil y un dudas sobre el inofensivo bus y sus preciosas pasajeras. "¡Te van a quitar la ropa!" -le repetían-. Entonces el veinteañero puso cara de pánico y nos dijo "Lo siento, no puedo". Pero dicen que nada es imposible cuando más inalcanzable parecen las cosas, así que -casi a punto de rendirnos- animé a Julia para dar una vuelta por los bares frente a la plaza. Entré al Juanito, llegué hasta la última mesa y no encontré a nadie. De regreso y cuando ya las esperanzas estaban casi perdidas encontré en la primera mesa a unos muy guapos y atractivos "chicos" (lo mejor fue que no eran tan "veinteañeros"). Vi a uno sentado, lindo, pero no me convenció. Luego a otro, de pie junto a la entrada del bar, conversando con dos amigos. Como la mayoría del grupo hablaba inglés o francés le pregunté "Hola, ¿hablas español?". "Sí, claro" -me dijo. El atractivo extraño era argentino (aunque las chicas me aseguran que era italiano y yo no voy a contradecirlas) y su nombre era Maximiliano. Así, con Max a bordo y después de cumplir la exigente prueba del biberón tuvimos nuestra mayor recompensa. Vimos a una novia feliz con la elección del apuesto soltero que subió esa noche al bus.

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