White Russian & Blue Lines

martes, abril 19, 2011



La novia y sus preparativos

Son tantos que ahora no me cuesta creer lo útiles que pueden ser las wedding planner. Desde separar la iglesia, iniciar los trámites, elegir el diseño de tu vestido, degustar bocaditos, escoger los zapatos, elegir las flores de tu bouquet, asistir a la charla prematrimonial, decidir cuántos pisos y de qué sabor será la torta, contratar al fotógrafo y decidir con él las locaciones para tu sesión de fotos, imaginar cuál será tu maquillaje y peinado para el gran día. Sí, la lista parece no tener fin, pero si el novio y la familia de ambos están ahí para ayudar, todo se hace más fácil.

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sábado, agosto 02, 2008


La novia se despide en bus y sus amigas en tutús

Hace una semana y un par de días asistí a mi primera despedida de soltera. Las mejores amigas de universidad de Ana Lía nos pasaron la voz a sus amigas del trabajo. La idea era contratar un bus parrandero para pasear por Miraflores y Barranco. ¿Strippers a bordo? No hizo falta. Las dos horas que duró el paseo la pasamos increíble. Bailamos, jugamos y cumplimos las pruebas que nos puso Blanca, la anfitriona del bus, y por supuesto ¡brindamos! (¡teníamos una auténtica "barra libre"!). Cada prueba bien realizada era recompensada, además, con un lindo obsequio. ¿Qué prueba nos tocó a mí y a Julia? Una muy divertida y osada. Teníamos menos de quince minutos para convencer a un hombre de subir al bus con nosotras y llevarlo con la novia. Allá arriba solo Blanquita conocía la segunda parte de la prueba a la que el valiente debía someterse.

Después de atravesar el parque y el boulevard de Barranco, Julita encontró a un veinteañero que al principio aceptó encantado. Desafortunadamente sus amigos no tardarían en aparecer para sembrarle mil y un dudas sobre el inofensivo bus y sus preciosas pasajeras. "¡Te van a quitar la ropa!" -le repetían-. Entonces el veinteañero puso cara de pánico y nos dijo "Lo siento, no puedo". Pero dicen que nada es imposible cuando más inalcanzable parecen las cosas, así que -casi a punto de rendirnos- animé a Julia para dar una vuelta por los bares frente a la plaza. Entré al Juanito, llegué hasta la última mesa y no encontré a nadie. De regreso y cuando ya las esperanzas estaban casi perdidas encontré en la primera mesa a unos muy guapos y atractivos "chicos" (lo mejor fue que no eran tan "veinteañeros"). Vi a uno sentado, lindo, pero no me convenció. Luego a otro, de pie junto a la entrada del bar, conversando con dos amigos. Como la mayoría del grupo hablaba inglés o francés le pregunté "Hola, ¿hablas español?". "Sí, claro" -me dijo. El atractivo extraño era argentino (aunque las chicas me aseguran que era italiano y yo no voy a contradecirlas) y su nombre era Maximiliano. Así, con Max a bordo y después de cumplir la exigente prueba del biberón tuvimos nuestra mayor recompensa. Vimos a una novia feliz con la elección del apuesto soltero que subió esa noche al bus.

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